Isla Negra - Casa de poesía y literaturas

Marcelo Ferrer: Algunas apreciaciones particulares sobre la expresión en letras

Todo en el universo se mueve a un ritmo. Las sensaciones que percibe nuestro organismo están en línea con ese ritmo. Es tan así que cuando algo va a contratiempo, resulta una agresión. La buena escritura posee un ritmo que penetra sin previo anuncio; simplemente, se funde en el pensamiento y es asimilada e ilustrada por imágenes que se crean en la mente instigadas por el instinto y las experiencias. Todo pensamiento siempre vendrá ligado a una imagen.

Un texto llega al lector cuando desde su comprensible lectura, induce a crear o recrear aquellas imágenes que, asociadas con sus vivencias o no, conmueve sus emociones. Un buen texto es un relato de sensaciones adornado de imágenes con el poder de escindir al lector de la realidad y transportarlo a la fantasía, o, con la agudeza de un realismo que lo obligará a trazar un paralelo con sus vivencias.

Un escritor de agudeza intelectual es aquel que desgrana temáticas que permanecen bajo la superficie de la naturaleza o la conciencia y que, por su extrema simpleza, son de difícil descubrimiento. Él las trae a la superficie utilizando para ello la forma literaria adecuada.

El lenguaje a utilizar no tiene que ver estrictamente con el vocabulario. Juegan en un texto de valía las construcciones gramaticales, los términos y modismos de la lengua y las descripciones metafóricas pasibles de ser razonadas -con análisis mediante o no- y asociadas a las emociones.

Algunas tendencias exacerban la comprensión del lector para el hallazgo del mensaje que liberará sus emociones. Muchas veces, estos textos, admiten tantas variantes como vivencias y experiencias se le pueda asociar, dependiendo del nivel de apertura intelectual y de la imaginación del lector. De la calidad e intelectualidad de estos textos depende su contundencia. Un texto que debe ser desgranado por el lector con algún grado de esfuerzo debe poseer un contenido que guarde relación con su expectativa.

Los textos con importante contenido metafórico impactan a la primera lectura o deben poseer un contundente mensaje para hacerlo. Una metáfora debe guardar equilibrio entre la asociación, la fantasía y el delirio.

Resulta muy fácil -a veces- escribir incoherentes acertijos de difícil entendimiento usufructuando el crédito de que todo lo escrito posee un valor. Algunas veces, tales elucubraciones nacen en la intrincada mente del autor o en su ineptitud artística, siendo más adecuados para el estudio de la psiquiatría que para el análisis literario. El resultado de su lectura es un hueco de incomprensión y el descarte.

Entonces, pues, es preciso que el mensaje sea hallado por el lector o que la apertura del texto permita las asociaciones que induzcan una conclusión, aún cuando ésta, diste del pensamiento o la intención de su creador.

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