Isla Negra - Casa de poesía y literaturas

Otorgan reconocimiento a Monte Ávila Editores Latinoamericana por colección Altazor

  

El CENAL entrega la distinción con motivo del VI Premio Nacional del Libro de Venezuela

 

Prensa MAELCA (04.05.2010) Monte Ávila ha sido merecedora de una mención honorífica en el VI Premio Nacional del Libro de Venezuela por su colección Altazor, específicamente en la subcategoría Colección Editorial.

 

La colección Altazor se caracteriza por realzar al escritor actual y divulgar antologías de poetas contemporáneos. Los libros que formaron parte de la selección postulada al premio son Otro lugar de Celsa Acosta Seco, Los signos del comienzo (1967-2006) de Waldo Leyva, Pasadizo de Luis Enrique Belmonte, Noticias del alud de Juan Calzadilla, Manuscritos que con el agua se borran de Eduardo Embry, Campesinos de Pedro Ruiz, Greda. Libro de vida de Julio Valderrey, Lugar de pasaje de María Auxiliadora Álvarez, Actas de medianoche de Víctor Rodríguez Núñez y Amarrando la paciencia a un árbol de Mharía Vázquez Benarroch. Todos presentados en pasadas ediciones del Festival Mundial de Poesía, evento organizado anualmente por la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello.

 

Los anteriores son ejemplos de la variedad y excelencia de esta colección. Los interesados tienen la oportunidad de acceder a los títulos de Altazor a través del catálogo digital de la página web de Monte Ávila, creado para brindar al usuario información general sobre sus libros.

 

Monte Ávila presentará novedades de la colección Altazor próximamente, durante el VII Festival Mundial de Poesía. El evento tendrá lugar en la Galería de Arte Nacional el sábado 29 de mayo de 2010.

 

A continuación un panorama de las próximas novedades: La poeta Maribel Prieto revela un escenario de desamor y hastío en Palimpsestos de Amberli; Un lento deseo de palabra reúne toda la obra poética de Manuel Cabesa, el autor trabaja lo femenino, el tiempo y la existencia; el libro Vecindades de Carlos Brito es versátil en cuanto a forma se refiere, toma en cuenta el tránsito, lo místico y lo biográfico; el torbellino de la urbe, su gente, tradición e historia se vislumbran en Código postal 1010 del poeta y promotor de lectura José Javier Sánchez; sobre Penúltima tarde y otras tardes de Earle Herrera, Gustavo Pereira comenta lo siguiente “En la poesía de Earle Herrera el sentimiento existencial se complementa en los otros (...) y se trasiega en una posibilidad de iluminación asumida a plenitud, pero a modo de destello, de presencia momentánea y pasajera”; Sombra bajo tierra de Freddy Ñáñez es una antología que considera cuerpo, música y elementos fundacionales como la tierra, el viento, el agua y el fuego; Genealogía del bosque de Julio Borromé pone de manifiesto marcas de oralidad trujillana, es un poemario que canta a la memoria de la tierra y a lo originario; la sencillez, la palabra simple, el asombro y el ensueño asisten a Convocados de Marcos Silber, en un trabajo poético donde ética y estética se vinculan; en El arte perdido de la conversación Sigfredo Ariel pasea al lector por lo posmoderno, en su poesía toma en cuenta a figuras como Marta Valdés, Lord Byron, Jorge Luis Borges, Miguel Matamoros, Pablo Milanés, T.S. Eliot, Gabriela Mistral, entre otros; Lentitud del vino de François Migeot vincula los temas de la Ausencia y la Nada al mundo contemporáneo; mientras que Hija de perra y otros poemas de Malú Urriola da cuenta del espíritu de la contracultura. (Fin/ Patricia González)

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