Isla Negra - Casa de poesía y literaturas

Cristina Villanueva, Argentina

Las flores me miran desde la ventana cuando preparo el café. La lluvia les puso un vestido de gotas. Contentas con la lluvia y con el lugar en que las ubiqué, una regadera azul. Están intercambiando aromas con las otras habitantes del jardín. O quizá  cuenten algo. Termino el café y las voy a escuchar.

 

¿Aleph sonoro? Guardan un íntimo secreto, una historia de sabios pétalos desplegados en harenes. Harenes  donde la única tarea es el roce de la  flor con el cuerpo, una anticipación del paraíso

Harenes donde vuelcan su jugo sensorial en la garganta de la que cuenta. Harenes donde la flor penetra la boca. Se vuelca, se transforma en palabras, habla, ella se salva.

 

Anda ahora las calles, sabores de  mercado, hace compras, puso la flor cerca del alma, se mezclan en su cabeza los alimentos en la fiesta de Babette imaginada. Adentro de la blusa la flor, se mueve al respirar, sueña la mesa tendida, manteles blancos donde ella reinará, un rosa girando al rojo, abierta hacia el cielo, creciendo.    

 

Sale del comedor, de la cocina, de los almohadones en el piso del harén, bordados  relieves .La flor se mezcla con los libros, los cafés, las discusiones, el diseño de otro posible mundo.  

 

La flor  manifiesta, a veces sangre.

 

Se acerca al río.El río no tiene sirenas ni endriagos

alguién viene de arrojar su flor, se abrazan llorando, el llanto es hondo, tan hondo como el rio, como el dolor, como los cuerpos que quedaron allí separados del nombre.  

Cada lucha contiene la fuerza de  la vida  que no termina de ser abatida  con la muerte.

 

Esas obreras quemadas en la fábrica, hermanas de ayer...pidiendo pan y rosas.

 

Flores en la cabeza , por dentro, animando la belleza de pensar  lo nuevo, lo que casi no se puede.

 

Flores en el cuerpo, caricia, perfumes, flores como manos, como lápices para escribir con los tallos.

 

Para bien venir a los niños cuando llegan al mundo, para acompañar a los que se van, para honrar a los buscadores de justicia. 

                                       

    Flores, un lenguaje... 

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