Isla Negra - Casa de poesía y literaturas

Un recuerdo de Roberto

Por Adriano Corrales
 
Esta madrugada falleció el poeta hondureño Roberto Sosa. Les regalo un fragmento de una crónica que escribi en 1999 sobre Honduras, en la cual resumo una rica conversa que sostuvimos allá en su casa de Tegus. Y uno de sus poemas emblemáticos.
 
(...) Otra visita obligada es la casa del poeta Roberto Sosa, quien vive un tanto aislado de la ciudad y del bullicio en un pequeño barrio de clase media de la periferia capitalina. Este viejo roble de la poesía hondureña y centroamericana nos recibe en el silencio de su estudio poblado por pequeñas y significantes muestras del peregrinar del bardo: caracolas, figuras de cristal, pequeñas esculturas africanas, astrolabios, plantas y flores disecadas, armonizan muy bien con los amplios libreros empotrados en las paredes y los cuadros de sus amigos artistas, entre los que destacan Ezequiel Padilla y un Guayasamín firmado de propia mano. Conversamos largamente acerca de su eterno malestar con el estado de cosas y con la mediocridad aldeana de su país, no sin saborear su humor cáustico. El disgusto se acrecienta cuando hablamos de política y economía y se exacerba si de producción cultural se trata. Por lo demás, el poeta está un poco enfermo y por eso mismo nervioso, pues está a la espera de una intervención quirúrgica en La Habana. Pero su disgusto y sus disquisiciones un tanto oscuras siguen siendo lúcidas y afiladas, a lo mejor provocadas por las agudas contradicciones de su sociedad y las escasas salidas que se vislumbran. Con el desencanto de su enorme corazón solidario, lo dejamos luego de una enjundiosa conversa que nos ha llevado por buena parte de la historia catracha.

(...) La noche avanza y el cacho de plata se acerca a la medialuna que ilumina los cerros "lavados" por el huracán. Es hora de despedirnos. Al día siguiente, mientras miramos las hondonadas y los pinos en lo alto de los cerros a través de la ventana del Ticabus que nos lleva a Nicaragua, reflexionamos sobre todo lo visto, saboreado, conversado y actuado. La belleza de este país contrasta con su profundas diferencias sociales y culturales. La hospitalidad de sus gentes y la espontaneidad de sus creadores son la base espiritual de un proyecto que debe revertir su actual estado de abandono. No puedo aceptar, así no más, lo que nos repetía dolorosamente el poeta Roberto Sosa: este país no tiene salida.

Santa Clara-San José, agosto de 1999.

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Los Pobres

 Roberto Sosa

Los pobres son muchos
y por eso
es imposible olvidarlos.

Seguramente
ven
en los amaneceres
múltiples edificios
donde ellos
quisieran habitar con sus hijos.

Pueden
llevar en hombros
el féretro de una estrella.

Pueden
destruir el aire como aves furiosas,
nublar el sol.

Pero desconociendo sus tesoros
entran y salen por espejos de sangre;
caminan y mueren despacio.

Por eso
es imposible olvidarlos.

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