Isla Negra - Casa de poesía y literaturas

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Libro de Mariana Hernández

Escrito por revistaislanegra 25-05-2011 en General. Comentarios (0)

 

 

Mariana Bernárdez, Sendas del olivo

México, Ediciones Coyoacán (Col. Filosofía y Cultura Contemporánea, núm 50), 2011.

 

Texto conformado por 11 breves ensayos cuyas reflexiones hacen presente temas que no dejan deinquietar. Para Bernárdez lo insalvable es por sí mismo insalvable, pero de laincongruencia renace la esperanza a través de escribir como claridad. De locontrario, no ofrecería esto que han sido sus asuntos a lo largo de años y quehan sido expuestos en el ensayo entendido como un ensayar: un trastabilleoconstante que gira alrededor de un eje, a fin de que en el recorrido, se toquenlos puntos que conforman su circularidad.

El trazo del libro delata la preocupación irremediable sobre la violenciacomo forma de vida y su relación con la escritura, motivo para tratar decomprender algunas de sus aristas, lo cual a pesar de ser una gananciarelativa, al final del recuento, supuso una ganancia pírrica. ¿Por qué la violencia?, porque hemos sido educados enla competitividad pero no en la generosidad; en la tolerancia, incluso en lasolidaridad, pero no en la compasión que reconoce al otro como un semejantediverso y como un prójimo circunscrito a la órbita vital.

La autora plantea que si no somos capaces de perdonar ni de olvidar esporque tras este escenario subyace la pretensión del cumplimiento de la norma,es decir, la consigna de que se haga justicia, lo que de antemano es imposible.La clave serán las palabras de Derridá: “…la lógica y el sentido comúnconcuerdan por una vez con la paradoja: es preciso, me parece, partir del hechode que sí, existe lo imperdonable. ¿No es en verdad lo único a perdonar? ¿Loúnico que invoca el perdón?”

Sendas del olivo ofrece allector textos que inquietan porque no pretenden abarcar ni sistematizar, sinohacer una cala en temas que exigen ser considerados de nueva cuenta bajo laperspectiva de un mundo cada vez más astillado.

 

Mariana Bernárdez, poeta y ensayista, cuenta con estudios de posgrado en literatura y filosofía, otros títulos publicados suyos: María Zambrano: acercamiento a una poética de la aurora (2004); La espesura del silencio (2005); Bailando en el pretil (2007); Todo está en la línea: conversaciones con Raúl Renán y 15 poemas inéditos (2008);  y Ramón Xirau: hacia el sentido de la presencia (2010). www.marianabernardez.com.

 

De venta en las principales librerías del país o directamente en la editorial: Distribuciones Fontamara, S. A., y  Ediciones Coyoacán, S. A. de C. V. -Av. Hidalgo, núm 47-B, colonia Del Carmen, Del. Coyacán, C.P. 04100, México, D. F., Tels.:5659-7117 y 5659-7978 -www.fontamara.com.mx - contacto@fontamara.com.mx

 

 

Libro de Roberto Díaz Castillo

Escrito por revistaislanegra 25-05-2011 en General. Comentarios (0)

 

"Vigilia permanente"

 

De contraportada:

Donde los demás abjuran al ver que las palabras para hacer alquimias los evaden, con el donaire que sólo otorga el haber pernoctado en el hemisferio izquierdo de los siglos XX y XXI Roberto Díaz Castillo alquimiza brevedades, sensaciones y algunas páginas sueltas entre páginas cubanas.

Pero además lo hace escribiendo rigurosamente a mano, un ritual ya extinto que lo acerca aún más a la perfección de los clásicos... sí, aquellos que no escribían para la prisa (de antier) ni para la reseña (de pasado mañana) ni para la foto en la sección de sociales (de hoy).

 

Es así como en esta Vigilia permanente —precedida por las cuerdas que tensó en Para no saber de olvido y en Las fugaces horas—, Roberto Díaz Castillo orquesta cadencias que confluyen en el único territorio donde nunca hubo paréntesis para el desconcierto: su amistad alquimizada con Cardoza y Aragón y Lya Kostakowsky, quienes por supuesto cumplieron también perpetuamente con el ritual ya extinto de escribir a mano, desde sus puños y su letra, a la antigua, a lo clásico.
JL Perdomo Orellana

Roberto Díaz Castillo. Guatemala, 1931. Licenciado en Historia por la Universidad de San Carlos de Guatemala. Docente en disciplinas de su especialidad. Ha publicado en revistas culturales de América Latina y el Caribe. Autor de libros y ensayos sobre temas históricos y sociales, memorias y crónicas literarias: Las redes de la memoria, Luis Cardoza y Aragón ciudadano de la Vía Láctea, Para no saber de olvido y Las fugaces horas. Dirige el Centro Cultural del Colegio Mayor de Santo Tomás de Aquino de La Antigua Guatemala.


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Liliana Heer presenta libro

Escrito por revistaislanegra 25-05-2011 en General. Comentarios (0)

 

Paradiso Ediciones iInvita a la  presentación de “Hamlet & Hamlet” de Liliana  Heer.
Hablarán sobre el libro Horacio González, Jorge  Dubatti, Miguel Rep y la autora.
Cristina Banegas le dará voz  a este  Hamlet.
El Jueves 2 de Junio, 19:00 hs.,  en el Auditorio "Jorge Luis  Borges" de la Biblioteca Nacional, Agüero 2552.

 

 

Otras memorias de Roberto

Escrito por revistaislanegra 23-05-2011 en General. Comentarios (0)

 

 

     ROBERTO SOSA EN LOS BARRIOS.

Gustavo Zelaya.

 

La muerte de Roberto Sosa merece más que estas simples palabras, no puedo decir más. Sólo doy gracias a Iris Mencía por recordarlo de tan buena forma y a su hijo Néstor, a la familia completa quiero decirles un poco de mi memoria: que ese viejo de barba cana y gorra bien puesta, con pinta de sabio pero sin esas pretensiones, también escribió prosa de gran calidad que nos sirvió tanto a entender este suelo. Y la página literaria que tuvo años atrás, "Cronopios", en diario Tiempo, la convirtió en lugar para que muchos publicáramos algunos remedos de ensayos. De la mano de otro glorioso Roberto, Castillo, el de los cuentos memorables, tuvimos oportunidad de aprender algo de Sosa. En un telefonazo a las ocho de la mañana le comuniqué al poeta Sosa la muerte del Roberto Castillo, el honesto, cuentista, amigo.

 

Además buena parte de los  poemas de Roberto Sosa fueron cantados, musicalizados por distintas generaciones. El poema Tegucigalpa fue cantado entre 1970-1976 en los conciertos del Instituto Central por un artista que después fundó un grupo de rock, los Speed; Jorge Berlioz le puso música y lo coreaban los del Central cuando quedaba frente al parque La Merced, de esa época es la generación del pelón Santander, Luís Sosa y Marco Moreno, incorregibles e indomables  miembros del FAR. También está algo más reciente como la versión de Karla Lara a la Casa de la Justicia. Dos cantos extraordinarios. Es probable que algunos escritos políticos estén guardados en su escritorio.

 

Quiero significar que Sosa impactó en varias generaciones de hondureños, y de ello no se jactó; lo conocíamos en las barriadas, en el club juvenil de Reparto Arriba, en el colegio, en el callejón de El Olvido y en los bajos del puente La Isla, los locos de la época lo leíamos con sed, con ganas de disfrutarlo, y lo andábamos junto a Briznas de Viento del poeta Rivas y, por supuesto, cerquita de Siddhartha de Herman Hesse, y otros escritos que eran sólo para locos. En esa década entre 1969 y 1979, los lugares menos pensados de Tegucigalpa también eran centros de discusión política y cultural.

 

Seguramente que no era bien considerado en Las Lomas del Guijarro y en lugares parecidos, ni por muchas autoridades universitarias. Peor en estos tiempos después del golpe de estado del 2009.Todo ello para felicidad y deleite de muchos. Es que Roberto Sosa era nuestro, de aquí abajo y no de las élites económicas. Pero lo tuvieron que aguantar. Ahora querrán brindarle ceremonias oficiales y que lo hagan si quieren. Van a seguir aguantándolo.

Y aquel profundo poeta, una de nuestras joyas intelectuales,  también tuvo gestos picarescos, al más puro estilo de los buenos barrios de Tegucigalpa, como la calidad ácida de sus apodos, duros, eficaces, retratos completos.  Hay uno de ellos que ha quedado para la posteridad, para gran dolor del que lo porta, y es una patente exclusiva del poeta Roberto Sosa, "Rata Gorda", inolvidable, habrá más que irán saliendo. Nos queda Roberto Sosa a todos los que queremos a Honduras. Nos queda para siempre y para los que vendrán a liberar nuestro país.

23 de mayo de 2011

Un recuerdo de Roberto

Escrito por revistaislanegra 23-05-2011 en General. Comentarios (0)
Por Adriano Corrales
 
Esta madrugada falleció el poeta hondureño Roberto Sosa. Les regalo un fragmento de una crónica que escribi en 1999 sobre Honduras, en la cual resumo una rica conversa que sostuvimos allá en su casa de Tegus. Y uno de sus poemas emblemáticos.
 
(...) Otra visita obligada es la casa del poeta Roberto Sosa, quien vive un tanto aislado de la ciudad y del bullicio en un pequeño barrio de clase media de la periferia capitalina. Este viejo roble de la poesía hondureña y centroamericana nos recibe en el silencio de su estudio poblado por pequeñas y significantes muestras del peregrinar del bardo: caracolas, figuras de cristal, pequeñas esculturas africanas, astrolabios, plantas y flores disecadas, armonizan muy bien con los amplios libreros empotrados en las paredes y los cuadros de sus amigos artistas, entre los que destacan Ezequiel Padilla y un Guayasamín firmado de propia mano. Conversamos largamente acerca de su eterno malestar con el estado de cosas y con la mediocridad aldeana de su país, no sin saborear su humor cáustico. El disgusto se acrecienta cuando hablamos de política y economía y se exacerba si de producción cultural se trata. Por lo demás, el poeta está un poco enfermo y por eso mismo nervioso, pues está a la espera de una intervención quirúrgica en La Habana. Pero su disgusto y sus disquisiciones un tanto oscuras siguen siendo lúcidas y afiladas, a lo mejor provocadas por las agudas contradicciones de su sociedad y las escasas salidas que se vislumbran. Con el desencanto de su enorme corazón solidario, lo dejamos luego de una enjundiosa conversa que nos ha llevado por buena parte de la historia catracha.

(...) La noche avanza y el cacho de plata se acerca a la medialuna que ilumina los cerros "lavados" por el huracán. Es hora de despedirnos. Al día siguiente, mientras miramos las hondonadas y los pinos en lo alto de los cerros a través de la ventana del Ticabus que nos lleva a Nicaragua, reflexionamos sobre todo lo visto, saboreado, conversado y actuado. La belleza de este país contrasta con su profundas diferencias sociales y culturales. La hospitalidad de sus gentes y la espontaneidad de sus creadores son la base espiritual de un proyecto que debe revertir su actual estado de abandono. No puedo aceptar, así no más, lo que nos repetía dolorosamente el poeta Roberto Sosa: este país no tiene salida.

Santa Clara-San José, agosto de 1999.

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Los Pobres

 Roberto Sosa

Los pobres son muchos
y por eso
es imposible olvidarlos.

Seguramente
ven
en los amaneceres
múltiples edificios
donde ellos
quisieran habitar con sus hijos.

Pueden
llevar en hombros
el féretro de una estrella.

Pueden
destruir el aire como aves furiosas,
nublar el sol.

Pero desconociendo sus tesoros
entran y salen por espejos de sangre;
caminan y mueren despacio.

Por eso
es imposible olvidarlos.