EL PAÍS DEL MIEDO

Escrito por revistaislanegra 25-05-2010 en General. Comentarios (0)

Feria del Libro de Buenos Aires - Martes 4 de mayo de 2010
Discurso de Víctor Redondo, Vicepresidente de la SEA


Como este joven y talentoso novelista español (Isaac Rosa) venía a la Feria, le
tomamos prestado el título de una de sus novelas para esta Mesa. Debe
ser imposible agregar más miedos a los que él menciona allí.
En ninguna época de la humanidad los seres humanos han tenido más
miedos que en este comienzo de siglo XXI. Ya no son mamuts, plagas,
heladas, enfermedades incontrolables, inundaciones, sequías y demás
catástrofes naturales las que lo aterrorizan. Ya no es la naturaleza
la causa de los terrores. Ahora la causa suprema del terror es la
bancarrota capitalista mundial que desde hace décadas viene creciendo
y profundizándose.
El escenario histórico mundial ha cambiado. La crisis capitalista
mundial toma dimensiones sin precedentes que llevan al colapso a las
bolsas del mundo, al sistema bancario internacional, a industrias
gigantescas y ponen a un número creciente de Estados al borde del
default.
El estallido global ya tuvo lugar. La capitalización de las bolsas del
mundo se ha reducido a la mitad; las pérdidas en instrumentos de deuda
alcanzan ahora una cantidad cercana a los 3 billones de dólares; hay
una "casi desintegración del sistema bancario del mundo occidental"
(Financial Times) a pesar de una intervención sin precedentes de los
Estados.
La economía mundial se contrae. El FMI predijo, ¡y vaya si se
cumplió!, una recesión generalizada en todo el mundo desarrollado y
más de 20 millones de nuevas pérdidas de puestos de trabajo. Las
condiciones de hambre ya producen disturbios en los países llamados
del "Tercer Mundo", y la caída de los precios de las materias primas
acelerará la bancarrota de los países exportadores. Ya nada será lo
mismo.
El capitalismo enfrenta su propia implosión en sus centros
metropolitanos, en Estados Unidos, en Europa y en Japón. El mito post
1989/91, tras la caída del Muro de Berlín, de un aparentemente
triunfante sistema capitalista liberal, incluida la fantasía de un
"mundo unipolar" con centro en el "indisputado" imperio
norteamericano, ha colapsado.
La superpotencia capitalista más fuerte del planeta, Estados Unidos,
se ha transformado en el "mayor activo tóxico" del sistema mundial.
Estados Unidos acumula todas las contradicciones mundiales, como
dinamita en sus cimientos. Esta dinamita, acumulada durante un siglo
de expansiones y crisis, de guerras y revoluciones, explota ahora
cambiando la forma del mundo en el siglo XXI.
Este es, según mi óptica, el núcleo del tema del miedo hoy. Por cierto
que persisten otros miedos ancestrales, como el miedo a la oscuridad,
a los insectos, a pisar una cucaracha descalzo, a las pesadillas, al
dolor por los amores contrariados, miedo a las enfermedades, a morir
de repente, y cientos de miedos más.
Pero la economía, que es la que determina el comportamiento de los
humanos, se ha impuesto por sobre todos esos miedos. Ahora vivimos en
un miedo constante, ya no circunstancial. A la desocupación, al
hambre, a no poder alimentar a una familia, a no poder darle educación
de calidad a nuestros hijos, y miedo a un largo etcétera que todos
conocemos bien.
Yo tengo miedo, tú tienes miedo, él tiene miedo, nosotros tenemos
miedo, ellos tienen miedo. Y este miedo degrada todo, degrada a las
familias, degrada las amistades, degrada a toda la sociedad.
El miedo a perder el trabajo acarrea maledicencias entre compañeros de
trabajo, resquemores, serruchadas de piso, zancadillas, delaciones; es
decir, miserabiliza la vida cotidiana.
Hace poco meses, y esto va a seguir, Francia se vio conmovida por
hechos atroces: a raíz de los despidos en France Telecom, una
treintena de ejecutivos (ya no empleados u obreros: ejecutivos) se
suicidaron. Cada día se asistía a un nuevo suicidio. No podían
soportar las consecuencias que el despido, cometido por el mismo
capitalismo que ellos ayudaron a sostener y hacer crecer, no
soportaban la perspectiva de perderlo todo, de no poder pagar sus
hipotecas, de no soportar la verguenza ante su familia, sus amigos.
España acaba de anunciar, por el error de un funcionario que hizo
filtrar la noticia, que la desocupación había llegado a su máximo
histórico: 20%. Les cuento un hecho mínimo: tengo una amiga y su hija
que viven hace 30 años en Catalunya (se fueron exiliadas en el 76,
claro). La madre trabajó siempre, dirigió escuelas, dirigió extensos
cursos dirigidos a docentes para la mejor utilización de la internet
en el aula y en la enseñanza, era la presidenta de un centro de
estudios de informática para la educación. Me acaba de escribir que lo
que se está viviendo es terrible, que la desocupación es el tema
constante en cualquier ámbito de la ciudad. Todos los cursos que tenía
planificados para este año fueron levantados, no están más. Luego de
30 años no tiene trabajo. Su hija, que tiene 21, ni tiene ni tendrá la
menor perspectiva de conseguir trabajo. Y además, por supuesto,
todavía debe pagar 72 cuotas de la hipoteca de la casa en que viven.
Y ni hablar de los inmigrantes, legales o ilegales, que están siendo
acosados como las víctimas del nazismo.
En este marco es inevitable el crecimiento de las pandillas neonazis,
de la delincuencia juvenil y no juvenil, de la violencia urbana
creciente. Así que miedo sobre miedo sobre miedo. El miedo duplicando
al miedo. El miedo exacerbando al miedo.
Por supuesto, a esto no hay mano dura ni blanda que lo pare. España,
Grecia, Italia, Portugal, Irlanda, están colapsando. Islandia ya
colapsó. El euro se derrumba. La famosa Unión Europea se deshace. Y
los Estados ya están quedando sin recursos para salir en auxilio de
los que colapsan.
A los miedos ancestrales se los podrá combatir con la ayuda de
psicoanalistas y psiquiatras y fármacos que se consumen a rolete. Pero
al miedo producto de la debacle capitalista mundial solo se lo puede
combatir con una palabra que a muchos asusta.
A nadie le tiembla la voz cuando dice “la Revolución de Mayo de 1810”,
pero ¿revolución hoy? No, eso no. Y están equivocados. Al miedo actual
solo se lo puede vencer o atenuar combatiendo al capitalismo decadente
que nos está llevando a la bancarrota y a la miseria material y moral,
y estableciendo una sociedad donde el objetivo no sea la obtención de
ganancias a toda costa, incluso a costa de la naturaleza y la
ecología, sino una sociedad que priorice al ser humano y al uso
racional de los bienes producidos por los hombres y mujeres que
trabajan, una sociedad ya no dirigida por la clase capitalista, que ha
demostrado que ya no puede dirigir nada a favor de la evolución del
ser humano, sino una sociedad dirigida por los trabajadores.
Miren ustedes como se desenvolvió mi pensamiento, aunque varios
piensen que estoy equivocado: del análisis de los miedos a transformar
el mundo sobre nuevas bases sociales. Creo que es lo más sensato que
puedo decir sobre este tema.
Gracias.